El Evangelio: Un Misterio Divino

 

“GLORIOSAS CONTRADICCIONES”

El Cristiano está muerto y sin embargo vive para siempre. Él ha muerto a sí mismo y aun así vive en Cristo.

El Cristiano salva su vida cuando la pierde, y él está en peligro de perderla cuando trata de salvarla.

Es extraño pero verdad que el Cristiano es el más fuerte cuando se siente el más débil, y es el más débil cuando se siente el más fuerte. Cuando se postra sobre sus rodillas sintiendo su debilidad, él siempre se hace fuerte.

El Cristiano está seguro cuando teme y confía en Dios y está expuesto al peligro cuando se siente auto suficiente.

Él es más santo cuando siente la pesadumbre del pecado, y se enreda en el pecado cuando se siente estar sin mancha de pecado alguno.

El Cristiano de hecho tiene más cuando ha dado más; y en todas estas maneras, el Cristiano esta simplemente poniendo en práctica diaria las enseñanzas y ejemplo de Jesucristo, su Salvador y Señor.

El Evangelio es una “Gloriosa Contradicción”, cuando nos vaciamos de nosotros mismos gozamos la plenitud y la llenura, hayamos la vida cuando morimos, vivimos la vida de resurrección a través de la muerte de Cruz, alcanzamos la gloria a través del sufrimiento. El Evangelio nos convierte, la palabra “Conversión” tiene la idea de volverse en la dirección contraria, volverse del Yo hacía Cristo, de las tinieblas hacia la Luz, de la muerte hacia la vida, de la condenación a la salvación.

El Evangelio de Jesucristo nos dice: Humíllate y serás exaltado, siéntate en el último lugar y serás convidado a tomar el asiento de honor, da y recibirás, muere y vivirás; porque los últimos serán los primeros. El grano de trigo que muere produce hasta el ciento por uno, pero el que no muere queda solo.

El que se vuelve esclavo de Dios, puede volar, libremente correr y se alegra en verdad, haya la libertad y no puede ser frenado. El que se entrega a Dios no siente la carga, no hace caso de la dificultad, desea hacer más de lo que puede, fatigado no se cansa; angustiado, no se angustia; espantado no se espanta, sino como viva llama y luz ardiente sube a lo alto y se remonta con seguridad.

El Evangelio nos enseña a querer menos en lugar de más, nos invita a escoger el lugar más bajo y la sumisión por amor al prójimo, nos enseña a desear la voluntad divina y a abandonar la nuestra. El Evangelio es una gloriosa contradicción y no “necedad” ni “locura” como este mundo pasajero y vano lo quiere afirmar.

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