Venid, Adoremos y Postremonos…

‘Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor, porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano’ Salmo 95:6,7

Las Escrituras nos enseñan que es bueno, justo y necesario postrarnos delante del Dios Todopoderoso. El arrodillarse delante de Dios es bueno porque nos humillamos cuando lo hacemos, nos recuerda lo pequeños y frágiles que somos, y lo majestuoso que es nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. La postura del cuerpo de una persona nos dice mucho acerca de sus pensamientos y de su estado de ánimo; por ejemplo, saltamos cuando estamos alegres, temblamos cuando tenemos miedo, nos sentamos cuando estamos agotados, y deberíamos postrarnos cuando adoramos. Talvez la posición más importante que una persona debe adoptar es la de ‘postrarse’, ‘arrodillarse’ delante de su creador. Hoy día, pareciera que se ha vuelto práctica común el no ‘arrodillarse’ durante el servicio de adoración en muchas de nuestras iglesias, lo cual dicho sea de paso, es una cosa muy triste y de lamentarse. Decir que tenemos una reunión para adorar a Dios nuestro Salvador y no postrarnos delante de Él, no solo es contradictorio, sino que es algo que debería hacernos pensar en la causa por la cual no lo estamos haciendo, tanto en lo privado como en publico.

La oración es una de las principales prácticas de nuestra Fe y es algo mediante lo cual adoramos a Dios, sin embargo es precisamente de rodillas cuando más nos concentramos, y evitamos distracciones para elevar nuestra alma a Dios en oración, pero ni aun así lo hacemos en nuestros servicios de adoración. Si somos honestos con nosotros mismos, debemos aceptar que la mayoría de nuestros templos ni siquiera están diseñados para que nos arrodillemos durante el servicio; de hecho, muchos han eliminado lo que se solía llamar el ‘Altar’ ósea el espacio alfombrado adjunto a la plataforma donde se encuentra el pulpito.

En ocasiones se escucha decir al predicador: “Hermanos les invito a pasar al altar”, cuando la congregación es de 200, 300, o 400 personas y el altar solo puede albergar a quizás 25 o 30 personas. Deberíamos diseñar nuestros lugares donde nos reunimos para adorar de tal forma que los congregantes puedan postrarse delante de la majestad de nuestro Dios, al ofrecer nuestras acciones de gracias, nuestras plegarias, antes de participar de la Cena del Señor, después de la proclamación del Evangelio, etc., No sería practico tener un altar con capacidad para cientos de personas, pero talvez podríamos recobrar el uso del ‘Reclinatorio’ (mueble dispuesto para arrodillarse y orar en las bancas de algunas Iglesias), lamentablemente muchos han decidido no tenerlos ya que los Católicos los utilizan y no quieren ser identificados con ellos. Lo anterior por supuesto es algo sin sentido común, ya que en tal caso nos sería necesario dejar la oración ya que los católicos también oran.

Por otro lado, en la actualidad muchos prefieren evitar la palabra ‘templo’ o ‘santuario’ para referirse al edificio donde adoramos al Señor cada día, y cada vez es más común escuchar términos tales como: ‘Auditorio’, ‘Salón de usos múltiples’, ‘Centro comunitario’, etc. Esto por supuesto nos dice mucho sobre la forma en que estamos pensando acerca de la importancia que tiene el diseño del edificio que se consagra para adorar a Dios. Aparentemente muchos han olvidado que tal edificio debería tener un diseño que obedece a un propósito muy específico y único, a saber: ‘Adorar a Dios’; por lo cual todo debería hacerse pensando en lo que es necesario para alcanzar dicha meta (adorar a Dios), cada vez que nos reunimos como Iglesia. Cada vez que nos reunimos como Iglesia para adorar, deberíamos poder arrodillarnos en humillación y reverencia, el postrarse debería ser algo que caracterice nuestra adoración como Iglesia, ya que cuando nos reunimos lo hacemos en la presencia de Dios, quien merece toda la gloria, la honra, la alabanza y la adoración de su pueblo. Consideremos a continuación el testimonio de la Santa Escritura:

  1. Daniel se arrodillaba tres veces al día (Daniel 6:10).
  2. Se nos exhorta a postrarnos delante de Jehová (1 Crónicas 16:29).
  3. El pueblo se propone postrarse delante de Dios (Salmo 132: 7).
  4. El Salmista determina postrarse hacia el templo (Salmo 138: 2).
  5. El Ángel dice al Apóstol que adore (postrarse) solo delante de Dios (Ap. 19: 10).
  6. Israel se postraba durante el holocausto (Levítico 9:24).
  7. Los 24 ancianos se postran delante del Cordero (Apocalipsis 5:8).
  8. El Apóstol Pablo oraba de rodillas (Efesios 3:14)
  9. Los Ancianos de Éfeso y Pablo oraron de rodillas (Hechos 20:36).
  10. Pablo y los discípulos de Tiro (incluyendo mujeres y niños) oraron de rodillas (Hechos 21:5)

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