La Iglesia que Cristo fundo (1ra parte)

La Iglesia que Cristo fundo es una Iglesia indestructible, “Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Jesús no fundo una Iglesia que inmediatamente se corrompería del todo, o una Iglesia que sería “mezclada” con paganismo por algún emperador romano. La Iglesia que Cristo fundo ha sido una Iglesia que ha permanecido a través de los siglos y hasta nuestros tiempos, una Iglesia visible, que fue perseguida y cuya fe se extendió por todo el mundo. Una Iglesia que se afirmaría rápidamente en Roma como su “sede”, pues el mismo San Pablo hace referencia a la fama de la Iglesia en Roma cuando dice: “vuestra fe se divulga por todo el mundo” (Romanos 1:8). Nuestro Señor Jesucristo mismo le revelo al Apóstol Pablo que Roma se convertiría en una ciudad esencial para dar testimonio a las naciones gentiles, así como Jerusalén lo había sido para dar testimonio a los Judíos “Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: “Confía, Pablo; que como has testificado de mí en Jerusalén, así es menester testifiques también en Roma” (Hechos 23:11). No se trataba de una Iglesia “secreta”, de hecho la razón por la cual vino la persecución fue precisamente por lo contrario, la Iglesia estaba a la vista de todos, “Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hechos 5:42). La Iglesia que Cristo fundo estaba afectando la sociedad entera, “Estos que trastornan el mundo entero” (Hechos 17:6). La Iglesia que Cristo fundo no era una sociedad “democrática”, sino un reino jerárquico, con los Apóstoles como dirigentes y Pedro teniendo la primacía entre ellos, “tú eres Pedro…Yo (Jesús) te daré las llaves del reino de los cielos” (San Mateo 16:18-19). Los pastores no eran escogidos por el voto popular de la congregación, sino que eran puestos por los Apóstoles y a los que ellos daban la autoridad, “Te dejé en Creta para que acabases de ordenar lo que faltaba y constituyeses por las ciudades presbíteros en la forma que te ordené” (Tito 1:5). La Iglesia estaba unida y resolvían las controversias grandes de la Fe por medio de concilios, “Se reunieron los apóstoles y los presbíteros para examinar este asunto” (Hechos 15:6).

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