El Que Ama Conoce a Dios …

La verdadera libertad es la que experimentamos cuando llevamos a cabo nuestro propósito para el que fuimos creados. Fuimos creados para pertenecer en cuerpo y alma a Dios, para contemplar su Gloria en el rostro de Jesucristo. Dios tiene una familia en la cual hemos sido adoptados como hijos, y se espera de nosotros que amemos a los hijos de Dios con la misma intensidad que a Dios mismo. El amor por el Creador nos impulsa al amor por la criatura, de hecho podemos ver la mano de Dios en toda la creación, sus huellas “digitales” están por todas partes. Todo alrededor de nosotros nos habla de la bondad de Dios, lo vemos en la luz que nuestros ojos ven cada mañana; el aire que respiramos cada instante nos invita a pensar en lo bueno que es Dios. Pero hay una sola criatura sobre la faz del universo que posee algo que nadie más posee: El hombre, varón y hembra creados a imagen de Dios. Cada vez que tus ojos contemplan tu rostro en el espejo, quizás el rostro de un ser querido en una fotografía, cuando conoces a alguien por vez primera, lo que estás viendo delante de ti es la Gloria de Dios reflejada en la creación, en los hombres creados a la imagen de Dios. ¿Quieres amar más a Dios? ¡Ama a las criaturas de Dios! no podemos hacer lo uno sin lo otro, no podemos decir que le conocemos si fallamos en reconocer su huella en toda la creación. Aprendamos a ver a Dios reflejado en su creación, amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos, si amamos a Dios debemos amar su creación. “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios que no ha visto?” 1 San Juan 4:20. 

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